Después de dos días en la porción francesa de Suiza, vuelvo con las pilas cargadas y las venas entupidas de colesterol. No sé cuál es la incidencia de la enfermedad en el país, pero con platos como el rösti y con esa predilección por el entrecôte, no consigo entender cómo han conseguido tener una esperanza de vida mayor que la nuestra.
A lo mejor es por los sueldos que ganan, o quizá por ese café tan rico que te sirven hasta en la peor de las tascas (aunque 'la peor de las tascas' suele tener un nivel de limpieza equivalente al 'tres tenedores' patrio). No creo que lo hayan conseguido sin Seguridad Social o con esa mili hasta los 40 años que gastan.
Eso sí, si tenéis la oportunidad de pasaros por allí, comprad bombones o relojes como todo el mundo. Si por un segundo pensáis que el secreto de su longevidad está en el café y se os ocurre haceros con una de sus baratas cafeteras, ya os avanzo que nuestros poco vecinos suizos utilizan una clavija de enchufe que en el mundo sólo es posible encontrar en El Salvador, Etiopía, Jordania, Liechtenstein, Madagascar, Maldivas y Ruanda. Habría que ser melón para no cerciorarse antes.