Hoy voy a la boda de alguien a quien no me imagino casado. Un bon vivant de esos que envejecerían con encanto, dejando a su paso agendas negras llenas de números y aventuras suficientes como para nutrir una colección de Harlequin. Un tipo al que todos nos hemos querido parecer alguna vez. Casi siempre risueño, fiel a sí mismo y con las ideas muy claras. Ese clásico amigo al que no importa que no veas durante dos años porque no cambia y no te olvida.
Siempre creí que me lo acabaría encontrando soltero en las bodas de todos nosotros, pero parece que no va a ser así. Nos dijo que se casaba en navidad delante de una botella de vino, y estos meses no han sido suficientes para que me haga a la idea. Aunque como se suele decir en estos casos: si él es feliz, yo soy feliz.
Pero juro que hasta que no lo vea, no me lo voy a creer. Y que hasta el final voy a estar esperando la llegada de Vince Vaughn y Owen Wilson.