Diversos estudios han probado en los últimos tiempos que los vegetarianos que siguen una dieta equilibrada presentan una menor incidencia de cáncer y enfermedades cardiovasculares, así como niveles más bajos de obesidad e hipertensión arterial. Menos mal.
Para cualquier persona de este mundo, a la que le guste comerse un buen solomillo al roquefort o unos huevos fritos con chorizo, no hay mayor satisfacción que saber que los vegetarianos -y todas sus odiosas variantes con leche, huevos o pescado- no sólo se pasan la vida comiendo platos intragables a base de soja y tofu, sino que van a tener que tragárselos hasta los 80 o 90 años. A no ser que sean funcionarios públicos. En ese caso, cada vez que le laman el culo a su director, siempre pueden romper la rutina y probar algo que probablemente sabe mejor que el tofu.