Nota aclaratoria: tengo bastante cariño al pueblo portugués. Como todos, tienen sus cosas buenas y malas. E incluso un buen número de cosas que nadie entiende. Pero es imposible no cogerles cariño. Para entender mejor su pachorra, me gustaría aclarar que hoy -juevesanto- ha sido día laborable en Portugal.
Miércoles en Lisboa. Reunión en la Asamblea de la República. Sobre la mesa ocho propuestas no demasiado importantes que, según el orden del día, se van a votar. No se votan. Faltan 119 diputados, que ya se han ido de vacaciones. Los 111 que han acudido como cada miércoles a la Asamblea se quedan con cara de tontos. No hay quórum. No se vota. Por qué cojones no nos habremos ido antes de vacaciones. Como los periódicos no tienen nada mejor que contar lo llevan a portada hoy. El Presidente de la Cámara hace como que se pone serio y dice que va a 'apurar responsabilidades'. Si no existiesen los periódicos, ya estaría pescando.
Una noticia así también sería ciencia-ficción en España. Más que nada, porque aquí sí que somos serios y sabemos hacer las cosas bien. No se dejan votaciones para el último día y a los periodistas, no hacía falta ni convocarlos.

Agotando la veintena. Fan del cine de palomitas y acción. Ávido lector de serie B. Sin música española en el iPod. Inmaduro irredento. La versión más mundana y menos glamurosa de Don Cristal. Igual de frágil y decidido, pero sin su gusto por el morado.
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