Se derriten en tu boca
Si no hubiese descubierto que tengo superpoderes, y que han hecho posible que dos días después de hablar del bellezón de Merche Romero me la haya encontrado hoy en un número significativo de paradas de autobús (anunciando la marca de ropa del Amancio Ortega portugués), este día hubiese sido muy gris.
Gris marengo como el teclado sobre el que trabajo. Grisáceo como el monitor que no paro de mirar. Gris rata como las personas con las que me cruzo cada día. Gris lechoso como las cuatro canas más que me encuentro. Gris, en fin, como el amanecer de mañana.
Debe ser que se acerca mi cumpleaños y no me apetece cumplir más. O que, soñador que siempre ha sido uno, esperaba soplar las velas en otro lugar, rodeado de otra gente y liberado del daltonismo existencial que me acompaña.
Gris como esa bola rugosa que tenemos dentro del cráneo, que no entiende de signos del zodíaco y que sólo parece reaccionar ante determinadas pelandruscas inmortalizadas en una valla.
Cantidad estimada de glucosa utilizada por el cerebro de un humano adulto cada día, expresada en M&M’s: 250. Doctor, deje ya ese mohoso Harper's Index y escúcheme. Le repito que el mío lleva bastante tiempo funcionando a 125.
Gris.

Agotando la veintena. Fan del cine de palomitas y acción. Ávido lector de serie B. Sin música española en el iPod. Inmaduro irredento. La versión más mundana y menos glamurosa de Don Cristal. Igual de frágil y decidido, pero sin su gusto por el morado.
d dijo
Querido dc, yo (harta de mi gris que garantizo -simplemente por locación- más gris que el tuyo) me digo que quizá el gris esté infravalorado, quizá tengamos desajustada la sinestesia y baste con asociar al magenta con la monotonía y convertir al gris en cascada de emociones, por ejemplo.
Te mando, por lo pronto, este «Match des couleurs»...
un beso
d
2 Marzo 2006 | 12:10 PM