Ha comenzado el Festival Internacional de Cine de Oporto (denominado Fantasporto a secas hasta que Variety decidió incluirlo entre los 20 festivales más importantes del mundo). Lo que empezó hace 26 años como un modesto ciclo de cine fantástico lleno de gore, tripas y disparos láser ha ido evolucionando hasta convertirse en un monstruo gigante en el que la ciencia ficción y el terror ocupan incluso un lugar algo marginal. Sobra decir que me gustaría haber vivido las épocas dorado del verdadero Fantasporto, porque soy bastante aficionado a las tripas y, sobre todo, a los disparos láser. Pero no ha podido ser. Así que, como a falta de pan buenas son tortas, he decidido abrir mi mente, pertrecharme de mi moleskine y mi chaqueta de lana con agujeros y concentrar mis esfuerzos durante las próximas dos semanas en ver cine, disfrazarme de gafapasta y comentar la jugada con mis coleguillas de la autodenominada 'prensa especializada'.
Las novedades con respecto a anteriores ediciones radican básicamente en la inclusión de un ciclo de expresionismo alemán, otro de cine húngaro -dicen que para celebrar sus 60 años de independencia, pero yo creo que porque es barato- y una retrospectiva dedicada a Manuel de Oliveira.
Paréntesis. Manuel de Oliveira es lo mejor que ha dado nunca el cine portugués. Que no es mucho decir. Tiene casi 98 años y todavía se pasea por ahí con la cámara haciendo películas para morir con las botas puestas. A pesar de haberlo intentado con la mejor de las voluntades, nunca he conseguido completar el visionado de alguna de sus 40 cintas. Es mortalmente aburrido. Pero en un país que produce menos películas al año que Galicia, lo que orine Manuel de Oliveira les parecerá colonia. Aunque me consta que al director del Festival sus películas le aburren casi tanto como el cine húngaro. Cierro paréntesis.
Después de dos días en el ciclo de expresionismo alemán, las cosas no van mal del todo. Me he tragado Der Golem (interesante bicho de barro protector de los judíos), Los nibelungos 1: La muerte de Siegfried (quizá por la hora, me dormí a los veinte minutos lo que me dejó fuera de la tertulia posterior), M, el vampiro de Düsseldorf (gran peli sobre un serial-killer de niños) y en Los nibelungos 2: la venganza de Cremilde ni siquiera hice el amago de entrar.
Y me seguiría tragando hoy pelis de Fritz Lang y Paul Wegener si no me hubiesen dicho que por dármelas de cultillo, me estoy perdiendo un ciclo paralelo semi-pornográfico denominado 'Love connection'. Al que me dedicaré hoy en cuerpo y alma. Porque creo que en este género sí que podré aportar algo más que comentarios obvios y silencios prolongados mientras miro al infinito y me meso una perilla imaginaria.

y a esto lo llamas trabajar!?
jo.
[moleskine : sigo sin entenderlo. no querreis decir libreta, bloc o cuaderno?]
En un momento como éste, es importante subrayar que no tenemos -los habituales del evento; aspirantes máximos a editor de cualquier Babelia- un vulgar bloc estilo camarero de churrasquería. Tenemos un 'taccuino' Moleskine de apertura vertical, con su gomita negra y sus últimas quince hojas microperforadas para dejar notas en los parabrisas de las actrices invitadas.
aun asi sigo sin entender el concepto.
quiero decir, se supone que decir "moleskine" es como guay?
Bob y otros guays: iluminadme!
Querido navegante, perdón por venir desde el silencio, solo quiero invitarte a: www.lacoctelera/lectorclandestino.com cultura teatro arte de embalajes y fragmentos. Si te honro, escríbeme, elígeme como amigo. Muchas gracias.