Muchas veces me he parado a pensar en qué pediría si estuviese en el corredor de la muerte y me viniesen a preguntar qué deseo para mi última cena. Es una situación imaginaria que plantea un problema interesante. ¿Qué comerías si fuese la última vez que vas a saborear algo, si te dejan elegir? No sería muy inteligente atiborrarte de una sola cosa cuando puedes pedir lo que te venga en gana sin preocuparte del colesterol, la diabetes, las dietas y cualquier consejo tonto del nutricionista de moda. Quizá un entrante ligero a base de una ingeniosa mezcla de embutido ibérico e italiano, la parte más jugosa de un solomillo de buey a la pimienta, una pasta corta con una salsa fina al queso azul y un cuarto de tortilla sin cebolla y bastante suelta de huevo. De postre, Saint-Honoré y tiramisú. Todo ello regado con un Lambrusco rosado -para ayudar al estómago a ir haciendo hueco a cada cosa que le vamos soltando encima-. Nada espectacular, pero suficiente como para dejarte con las necesidades alimenticias cubiertas hasta el momento fatídico.
Pero una cosa es escribirlo tranquilamente desde casita, y otra muy diferente pedirlo in situ. Desde el corredor de la muerte, acuciadas por la presión de la última cena, las peticiones son de un nivel bastante ramplón, en el que se suele dar prioridad a la cantidad sobre la calidad, y donde no faltan las peticiones raritas y las que escandalizarían al endocrino de turno. Esta interesante página web se ha dedicado a recopilar la lista de últimas comidas de los ejecutados en Texas desde 1982 hasta la actualidad (más de 300 en total). Y un servidor repoduce aquí algunos de los ejemplos más llamativos.

  • Robert Madden. El buen pastor. Disparó y apuñaló a un señor de 56 años y a su hijo de 22. Pidió que su cena le fuese dada a un 'sintecho'.
  • Richard Beavers. El matemático. Robó a mano armada a una pareja de 24 años. Tras un paseo por varios cajeros y el negocio que regentaban, los condujo a un descampado donde le disparó un tiro en la garganta a él y la violó a ella y después le disparó en la cabeza. Para su desgracia, y aún con un ojo menos y daños cerebrales, la mujer sobrevivió para testificar en su contra y asistir a su condena a muerte. Su última cena consistió en seis tostadas francesas con sirope, gelatina y mantequilla, seis costillas barbacoa, seis tiras de bacon bien pasado, cuatro huevos estrellados, cinco salchichas bien cocinadas, patatas fritas con ketchup, tres lonchas de queso, dos porciones de pastel amarillo con dulce de chocolate helado y cuatro cartones de leche.
  • Danny Harris. El despistado. Este angelito golpeó hasta la muerte con un gato hidráulico a un joven que se había parado a ayudarlo a él y a tres amiguetes. Y se debió equivocar de formulario, porque para su última cena pidió 'la gracia salvadora del señor, amor, verdad, paz y libertad'. Algún otro con nombre rockero lo imitó después (Carlos Santana: 'Justicia, templanza, con piedad').
  • Robert Streetman. 'Mr. Cholesterol'. Culpable de asesinar a una mujer de 44 años y después robar en su casa. El botín, a pesar de que la víctima tenía 50.000 dólares en su vivienda, fue el monedero de la señora y un dólar suelto. El angelito pidió dos docenas (24) de huevos revueltos, tortitas, patatas fritas y ketchup.
  • Charles Bass. El imaginativo. Culpable de robo a mano armada y posterior asesinato de un agente de la ley. Se comió un sandwich de queso a palo seco.
  • Delbert Teague, Jr. El pusilánime. Varios robos a mano armada, asesinato y posterior violación y secuestro de la novia de la víctima. No pidió nada, pero a última hora decidió comer una hamburguesa a petición de su madre.
  • John Elliott. El anoréxico. Violó y asesinó a una joven de 19 años. Pidió una taza de té caliente (de bolsa) y seis galletitas de chocolate.
  • Miguel Richardson. El romántico. Lo pillaron robando en un hotel y disparó a los dos guardas de seguridad que lo custodiaban. Sólo mató a uno. Las tres putas que estaban con él testificaron en su contra en el juicio. Pidió nada menos que un pastel de cumpleaños de chocolate con la fecha '23/2/90' escrita encima, siete velas rosas, un coco, zumo de kiwi, zumo de piña, un mango, uvas, lechuga, queso manchego, melocotones, un plátano, una deliciosa manzana, una ensalada del chef sin carne aliñada con 'thousand island', macedonia de frutas, queso y rodajas de tomate.

Por último, y si se me permite la broma fácil, esta situación es siempre un mal trago. No sería de extrañar que, como a más del quince por ciento de los convictos, a la hora de la verdad se nos encogiese el estómago y no fuésemos capaces de comer nada. De hecho, algunos patriotas han acabado su vida tomándose nada más que una simple Coca-Cola. Pero puestos a no comer, y dado que los cigarros están prohibidos, las últimas bebidas serán, a lo sumo, objeto de una futura entrada.