La vida es una película de Wes Anderson
Llevo un par de meses intentando que me guste Life Aquatic, la última peli de Wes Anderson. Intentar que te guste algo no es fácil. Puedes ser más o menos permisivo, hacer concesiones de cara a la galería y decir lo que no quieres con una sonrisa torcida, pero a ti mismo nunca puedes engañarte. Todo el mundo parece estar encantado con las últimas dos horas rodadas por este curioso directorcillo. Pero yo no. Y no sé bien por qué.
Gente a la que admiro el gusto habla de ella como una pieza encomiable. Cinéfilos y amigos del mundillo 'gafapasta' no han parado de recalcar su 'agudo sentido del humor', el elenco maravilloso de actores o el interesante uso del color en la cinta. Yo reconozco esos méritos, pero me parecen menores. No componen un conjunto armónico.
En IMDb sobrepasa el notable y la crítica, a pesar de algunos vapuleos, destaca su frescura y excentricidad. Incluso se extrana de que una major como Disney se haya atrevido con algo tan poco comercial. Para mí, Life Aquatic no es más que un collage de tics de un director poco común, rodeado de buenos amigos que saben cómo se las gasta. Murray, Dafoe, Goldblum o Banchett rara vez fallan, y me parece un desperdicio de talento ponerlos al servicio de una película tan extraña. La historia no es coherente ni está rodada como si lo fuese. Tiene un ritmo inicial lo suficientemente dinámico como para que te pases una hora y media esperando a que la película arranque de verdad. Pero no pasa. Porque como la vida, las películas de Wes Anderson son aleatorias. Tanto y tan llenas de detalles sutiles que incluso puedes pasar de largo sin darte cuenta.
Engreída, pretenciosa, irónica, artificial. Si no fuera porque me he dado cuenta de que Life Aquatic es una metáfora de mi vida, ahora mismo odiaría a Wes Anderson. Claro que si me lo preguntáis mañana por la calle, quizá me escuche alabar su agudo sentido del humor...
P.S. Y no, Jacques Cousteau no estaría orgulloso.

Agotando la veintena. Fan del cine de palomitas y acción. Ávido lector de serie B. Sin música española en el iPod. Inmaduro irredento. La versión más mundana y menos glamurosa de Don Cristal. Igual de frágil y decidido, pero sin su gusto por el morado.
Vidal dijo
yo opino igual, no termina de arrancar.
22 Noviembre 2005 | 12:36 AM