En su día, un anciano profesor de la facultad -aliento fétido, calva prominente y ligero con las muchachas- quiso deslizar su propia definición de publicidad en medio de otras mucho más trabajadas de autores mucho más reputados. Y nos espetó, al tiempo que nos lo entregaba por escrito, el siguiente aforismo: 'La publicidad es pan y libertad'. Quería decir el buen hombre que al tiempo que la publicidad supone una importante fuente de ingresos para un medio, permite trabajar al periodista de manera independiente sin sucumbir a las presiones de 'los poderosos'.
Hoy me encantaría enviarle a mi entrañable maestro las portadas de los tres periódicos principales de Portugal, teñidas de celestito por obra y gracia del cambio de imagen de la TMN, la operadora de telefonía móvil más importante del país. Esos sí que son poderosos. A esos, seguro que no les importa un huevo la distinción entre publicidad e información. Como acaban de demostrar, nos la pueden vender del color que quieran.
Y lo triste es que no es un caso único del país vecino. Hace casi seis meses, el diario Marca tituló en portada 'Da Miedo', utilizando la nueva y espanosa eme de Movistar como elemento tipográfico de su glorioso titular a cinco columnas. Como mínimo, alguien debería revisar sus apuntes. Renovarse o morir.