Y como quien no quiere la cosa septiembre se está esfumando. Parece que fue ayer cuando comíamos pescadito frito acompañando la puesta de sol en el chiringuito más barato de un pueblo perdido de la Portugal profunda, mientras gente diez años más joven que nosotros bebía y jugaba al calor de una hoguera en la playa.
Los días no sólo vuelan en vacaciones. Ahora, vacíos de contenido y fotocopiados uno tras otro, pasan de puntillas y sin hacer ruido. Como un mensaje escrito con tinta invisible. Septiembre ya se va, y octubre promete idéntica carencia de emociones. Las mismas horas detrás de un escritorio, las mismas retenciones y los mismos aburridos eventos anuales esperando con desidia nuestra irrelevante presencia.
Llevo más de un año lejos de mis amigos, de mi gente y de la que considero mi ciudad. Y me repito cada día que ya va siendo hora de volver, pero no es fácil. La rutina es cabrona hasta para eso. Pones el piloto automático y cuando te quieres dar cuenta estás comiendo las uvas otra Navidad. Menos mal que Pepito Grillo aparece de vez en cuando y nos suelta una colleja.

aqui va
Hola, aterrizo por aquí desde lector malherido. Felicidades por tu blog. Lo encuentro interresante y me gusta tu estilo. Volveré.
Saludos cordiales
YoHannah