Hasta hace poco pensaba que tenía la suerte de vivir en un edificio con seguridad privada las veinticuatro horas. Ya no estoy tan seguro.
Sobre el papel, aquí no falta de nada: tres turnos de vigilante, un número importante de cámaras en el exterior y en las zonas comunes y la discreta presencia de un 'botón del pánico' en la consola de portería por si pasa algo muy feo y el portero-y-guardián no aparece... Hasta ahí todo bien. Claro que en una situación como ésta, en la que vives tranquilo pero ligeramente vigilado, siempre puede acabar siendo una auténtica tocadura de pelotas permanente si entra en escena el segurata sobremotivado.
Suele ser bajito y regordete. Tres de cada cuatro llevan bigote. En su juventud intentó entrar en la policía, pero se le resistieron las pruebas. Con sus cortas piernecitas no pasó el test de Cooper, o quizá no llegó a la altura mínima. Pero ese pequeño pormenor no le impidió convertirse en un pequeño superhéroe urbano. En alguien que no duerme velando por la seguridad de los demás. Sobre todo 'que no duerme', porque suele pedirle a sus compañeros el turno de noche, el más peligroso y el que puede deparar más 'acción'.
Siempre lleva el uniforme impoluto. Lo revisa varias veces por hora comprobando que todo esté perfecto: la porra (¿qué clase de desperfectos puede sufrir una porra en una hora?), el walkitalki, el llavero de los cuartos de contadores, las esposas de juguete que lleva en la parte de atrás del cinturón... Precisamente, de vez en cuando le da el coñazo con el walki a alguien de 'la central' o al compañero del edificio de al lado. Procura utilizar palabras o expresiones que ha oído en las pelis americanas como '¿Me copias?' o 'Afirmativo', aunque en la mayoría de los casos habla de fútbol o de las vecinas macizas de la comunidad. Siempre está de paseo o delante de los monitores de las cámaras -algo surreal, porque de noche es imposible distinguir nada en ellos-.
Todo lo anterior estaría dentro de los niveles tolerables si un día no se valiese de la confianza que le da encontrarse siempre contigo para convertirte en el blanco de todas sus 'acciones de seguridad'. Cosas como llamarte abajo a las once de la noche para ver si has oído ruidos en quinto o preguntarte si has dejado abierta la puerta de los trasteros; engancharte cuando sales con prisa para contarte quién ha estado tres horas en el garaje hurgando en su coche; aprovechar tu 'buenas noches' para enredarte en una conversación en la que empieza hablando de fútbol y acaba hablando de armas (como buen suscriptor de las revistas de ramo), que -gracias a Dios y a la ley- nunca llegará a llevar. Los ejemplos son inagotables.
En definitiva, este personaje supone un enorme coñazo diario del que es difícil escapar, pues ante todo es un tío marcial y muy educado que siempre te antepone el 'Señor' y nunca te dará motivos para retirarle el saludo.
Aunque todo lo malo es susceptible de empeorar. Hace dos días ha entrado en plantilla un segundo 'sobremotivado', al que por su juventud el primero ha decidido entrenar, llegando al trabajo una hora antes. Aunque da bastante guerra. Se pelean por el turno de noche, claro.