Out of the frying pan... and into the fire
El Mundial está dejando en evidencia a menos gente de la que yo pensaba. Lo que no quiere decir que sea poca. La mascota desnuda de entrepierna para abajo –Goleo VI; siempre acompañado de su inseparable pelota Pille– es un triunfador al lado de la pandilla microfónica que hemos reunido en nuestros recién nacidos canales de televisión. Los dos son como para echarse a temblar, y no resisten comparación posible con el más bananero de los medios audiovisuales del mundo. Nuestra fauna es irrepetible, y no merecemos ser campeones si hay que escucharlo de boca de este hatajo de desequilibrados. Algunos de los que sacan pecho desde el vertedero son:
- Michael Robinson: el impostor. El encantador de serpientes. El exabrupto. La flema británica. En la actualidad habla un castellano casi tan perfecto como el de un vallisoletano medio, pero cuando le ponen delante un micro, desaparecen los artículos de sus frases y reaparece su casi enterrado acento británico para dar la nota de color a cualquier retransmisión. Algunas de sus expresiones son incluso más ridículas en su idioma natal.
- Carlos Martínez: es probable que no sea tan apasionado amando a su mujer. Se exalta como un chimpancé y sería capaz de destrozar los nervios del Dalai Lama en menos de 45 minutos. El estado de sus cuerdas vocales no acompaña su derroche de voz, dejándonos una colección de gallos digna del mismísimo Enrique Iglesias –beodo–.
- Andrés Montes: idolatrado por muchos, es sin duda la figura menos profesional de este circo mundialista. Su ceguera le impide reconocer al 90 por ciento de los jugadores, por lo que tiene que ser constantemente corregido en sus retransmisiones. Además de eso, repite hasta la saciedad frases de instituto y chanzas de tasca que sonrojarían a cualquier universitario. Valga como ejemplo su discutible coletilla para glosar un fuera de juego: "Ahí te han 'pillao', con el carrito del 'helao'". Su actitud es contagiosa y ha convertido al soso Salinas en un personaje de su vodevil particular.
- Julio Salinas: mientras se dedicó a comentar los partidos europeos que no querían Michel y José Ángel de la Casa (que merecerían capítulo aparte) aún se le soportaba. Ya no. Andrés Montes ha sacado a la luz su lado más oscuro y parlachín, lo que unido a su vocabulario de 700 palabras nos deja frases rayanas con el más absoluto ridículo. Lo que a él deben parecerle auténticas greguerías no son más que pintadas en el muro de su ignorancia, aunque en su defensa haya que decir que no desentona al lado de sus compañeros. Hace escasos minutos acabo de oirle algo como 'pasamos del tiqui-taca al toma y daca'. Lapidario.
Y hay más. La lista es bastante amplia. Pero no voy a seguir para que los árboles no acaben por ocultar el bosque (¿eh, Salinas?). La habilidad de Patxi Alonso, Julen Lopetegui o el ínclito Medina Cantalejo para patear el diccionario merece entrada aparte... Aunque hablando de pateadores del diccionario patrio. ¿Quién se ha dejado pintar la carita mientras mordisquea una bandera nacional de juguete? ¿Quién nos deleitará mañana en la web de As con su prosa de hoja de parroquial? No os hagáis los despistados, que ya habéis visto la foto de ahí arriba. Y tú, Tomás Roncero, deja de hacer el ridículo a tus años y repásate los libros de Lengua de EGB. Si es que la terminaste.


Agotando la veintena. Fan del cine de palomitas y acción. Ávido lector de serie B. Sin música española en el iPod. Inmaduro irredento. La versión más mundana y menos glamurosa de Don Cristal. Igual de frágil y decidido, pero sin su gusto por el morado.