Las películas con drogas me gustan tanto (o más) que el cine deportivo. Y si además tienen un poco de historia por detrás y se nota que el realizador sabe de lo que habla cuando recrea sus efectos, mucho mejor. Los gafapastas os dirán que hay una pedazo de historia de Philip K. Dick por detrás, con una profunda reflexión sobre la libertad individual y el estado policial y que el utilizar animación sobre imagen real es un valor añadido para el viaje psicotrópico del espectador... Pero yo os digo que el verdadero quid aquí es que todo el staff se ha puesto hasta arriba para rodar A scanner darkly (Una mirada en la oscuridad, para los afincados en la piel de toro).
Y uno de los grandes aciertos del director ha sido, sin duda, elegir para la causa un elenco de actores con conocida afición a las sustancias prohibidas (Robert Downey Jr., Woody Harrelson, Wynona Ryder...), de manera que todo ha salido a la perfección, y seguro que todo el 'material' ha sido servido por camellos de confianza.
Los gafapastas más recalcitrantes sacarán a relucir ciertas licencias con respecto al libro, pero hacedme caso, la peli pone un poco de cordura en un libro que Philip K. Dick confesó haber escrito hasta las patas de todo... Si os gustó Scarface, Minority Report, Blow y Blade Runner, o si os apetece ver a Woody Harrelson con pelo de surfero, esta es vuestra película.
Categoría: Propuestas serias
Esta propuesta responde a la voluntad de servicio público de este blog, que pretende poner a disposición de sus lectores alternativas a los ruidosos partidos que la Selección no deja de ganar y que, sin duda, van a prolongar durante algún tiempo la estancia del combinado nacional en tierras germanas. Como no he encontrado diez razones para ver 'El séptimo sello', me tiro a por lo fácil y me centro en la segunda parte de 'Los Ángeles de Charlie'. 10 razones para alquilarla (para los rancios, la principal es que ya no está en la sección Estrenos):
- Cameron Diaz montada en un toro mecánico
- Lucy Liu haciendo un striptease
- Tensión lésbica entre Demi Moore y Cameron Diaz
- Cameron Diaz haciendo un striptease
- Demi Moore conduciendo un Ferrari en bikini
- Tensión lésbica entre Demi Moore y Cameron Diaz
- Drew Barrimore haciendo un striptease
- Cameron Diaz haciendo surf
- Tensión lésbica entre Demi Moore y Cameron Diaz
- Tensión lésbica entre Demi Moore y Cameron Diaz
Ah, por cierto. También sale Joey -de Friends- dando el coñazo y la banda sonora no está nada mal. No me deis las gracias. Aquí tenéis a vuestro Carlos Boyero particular para lo que queráis.
No me he ido. Pero desde la última vez que escribí aquí han cambiado tantas cosas en mi vida, que al final lo único que ha permanecido más o menos igual es este rincón. Un rincón polvoriento al que he dejado de mirar más tiempo del que debiera y al que me propongo pasarle la aspiradora con más frecuencia.
Desde otra ciudad, con otro ordenador, con otros ojos y otras ganas.
No quería dejar que la Selección monopolizase todas las sorpresas del día...
Señor Relaño,
si va usted a seguir permitiendo que Tomás Roncero escriba en su periódico, le sugiero que instale un corrector ortográfico para los encuentros digitales, o bien, que ponga a un becario a transcribir las ocurrencias de su iletrado trabajador. Por otro lado, conozco a un buen número de licenciados en periodismo que no cometen crímenes atroces a costa de nuestra lustrosa ortografía. Llevan al Real Madrid dentro del corazón -como Tomás Roncero- y serían capaces de imitar su tan engolado como populachero estilo sin problemas. Merecen una oportunidad. Usted y yo sabemos que lo de Tomás es un caso perdido.
P.S. La captura de hoy pertenece a su chat de ayer. La pongo aquí porque no sé cuánto aguantan estas vergüenzas on-line. (Y lo de Valdebebas con uve no lo comento. Se lo dejo a la correspondiente asociación de vecinos.)
Dado el alto nivel de ocupación de mis amigos en los últimos días y la muy discutida pobreza de la cartelera, no he tenido más remedio que buscar en casa el remedio para mis ratos de ocio. Y lo he encontrado, aunque sería más exacto decir que los he encontrado, porque hablo de un libro y de una serie de televisión. Lo único que tienen en común es que sus títulos están compuestos por una sola palabra y que ésta empieza por efe. Cualquier otro parecido, es pura coincidencia. Abúlicos del mundo, tengo la solución.
Cuando me dijeron que Firefly era una especie de western espacial debo reconocer que desconfié. Vaqueros y naves espaciales. Mi cerebro purista todavía no estaba preparado. Por supuesto, todo esto sucedió antes de que fuese al cine a ver la película basada en la serie, Serenity. Sé que si digo que disfruté entre 15 y 50 veces más con esta película que con el Episodio III, muchos querrán llevarme a la hoguera. Desgraciadamente, la gran mayoría de los inquisidores no habrá visto Serenity. La película es muy buena y la serie en la que se basa, también. Diálogos ocurrentes, peleas, raciones mínimas de sexo y presupuesto. La receta no suele fallar. Excepto en el caso de Firefly, que fue suspendida por la FOX antes de completar incluso su primera temporada. Aún así, las constantes peticiones de la audiencia y las elevadas ventas de la media temporada en deuvedé, dieron luz verde a la película. Ahora, son legiones de freaks los que piden una segunda temporada. No me importa sumarme.
Freakonomics es un libro tan extraño como atractivo. Bastaría que alguien me hubiese dicho que lo había escrito un profesor de economía de la universidad de Chicago para que desapareciese de mi 'wish list', pero nadie me lo dijo. Y me gustó el rollito de la manzana con interior de naranja de la portada. Y en mi ingenuidad, pensé que quizá lo había escrito algún adolescente fan de Firefly metido a economista de lo kitch.
Al final lo ha escrito un economista, pero con un estilo tan divertido y a la vez tan riguroso que por momentos me recuerda a Joss Whedon, que sabe que las cosas en el espacio no hacen ruido y que no necesita efectos sonoros para captar la atenión de la audiencia.
En Freakonomics aprendemos en qué se parece el Ku Klux Klan a los agentes inmobiliarios y qué tienen en común los profesores de instituto con los luchadores de sumo. Aprendemos que los incentivos lo son todo y que se debe desconfiar profundamente de la sabiduría popular. Eso es lo que ha hecho Steven D. Levitt. Cada página es una sorpresa, y cuando aún me faltan 60, ya lamento que no tenga segunda parte. Como Firefly. Como mi vida social.
