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La Coctelera

La Visión Irisada

Ahora que sabemos quién eres, sé quién soy. No soy un error.

Categoría: Gente singular

29 Junio 2006

Pistolas o parné

-Mr. Wiggles, ¿qué prefieres: tus pistolas o tu dinero?
-Bueno, me encantan mis pistolas porque puedo matar cosas con ellas y me encanta mi dinero porque puedo comprar cosas con él. Con pistolas puedo coger lo que me dé la gana y disparar a todos los que me intenten detener. Aunque para disparar a toda esa gente necesito muchas pistolas. Y las pistolas cuestan dinero.
Si le disparo a la gente, probablemente acabe yendo a la cárcel. De cualquier modo, si tuviese el suficiente dinero podría comprar mi libertad. Aunque si tuviese pistolas suficientes, puede que no me llegasen a coger nunca. Podría matar a todo el mundo. Pero entonces, ¿quién quedaría para fabricar las cosas que querría comprar?
Así razona el osito más depravado del mundo. Si ya estás cansado de Mauros Entrialgos, de Maitenas y de Dilberts, pásate a ver lo que engendra Neil Swaab cada lunes. Y no llores si te identificas con el oso. (Es mucho peor parecerse a su amigo calvito).

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3 Marzo 2006

La ignorancia es contagiosa


Hoy le ha tocado el turno a Paco González. Para evitar el contagio se recomienda vivamente dejar de leer prensa deportiva (y en especial el diario As). Ser corrector de estilo en la edición de papel debería ser uno de los trabajos mejor remunerados del mundo. En mis tiempos, no se llegaba a la Selectividad con semejantes gazapos.

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2 Marzo 2006

Carta abierta al director del deportivo 'As'

Señor Relaño,
si va usted a seguir permitiendo que Tomás Roncero escriba en su periódico, le sugiero que instale un corrector ortográfico para los encuentros digitales, o bien, que ponga a un becario a transcribir las ocurrencias de su iletrado trabajador. Por otro lado, conozco a un buen número de licenciados en periodismo que no cometen crímenes atroces a costa de nuestra lustrosa ortografía. Llevan al Real Madrid dentro del corazón -como Tomás Roncero- y serían capaces de imitar su tan engolado como populachero estilo sin problemas. Merecen una oportunidad. Usted y yo sabemos que lo de Tomás es un caso perdido.
P.S. La captura de hoy pertenece a su chat de ayer. La pongo aquí porque no sé cuánto aguantan estas vergüenzas on-line. (Y lo de Valdebebas con uve no lo comento. Se lo dejo a la correspondiente asociación de vecinos.)

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20 Febrero 2006

A medio camino entre Ang Lee y Haruki Murakami

Clint Eastwood siempre cuenta que cuando hizo Sin Perdón se llevó a su jubilada madre al día más caluroso del rodaje y la vistió con un pesado vestido para que hiciese de figurante en una de las escenas. Una escena, por cierto, que se quedaría fuera de las más de dos horitas de metraje final con el consiguiente enfado y disgusto de la buena señora. Casi un año después de ese imperdonable error, Clint subió a recoger dos estatuillas por la película, y no tuvo más remedio que pedirle perdón a su madre desde el estrado por no haberla metido en su premiado proyecto.
Pero no nos desviemos. La madre de Clint debería haber aparecido subiendo a un tren, pero no hubo hueco. Los 130 minutos de western (im)puro contienen escenas mucho más importantes para definir a sus protagonistas. Por algunas de ellas no pasa el tiempo. Son las abuelas de Ang Lee y las hijas bastardas de Haruki Murakami. Son tan impagables que merecen dejar a la octogenaria madre del dire fuera del corte final. Minuto 44 y medio. Capítulo 13 del deuvedé.

Morgan Freeman (M.F.): Oye Will. ¿Nunca vas a la ciudad...?
Clint Eastwood (C.E.): Alguna vez. A vender algún cerdo o a comprar alimentos.
M.F.: No. Me refiero... a buscar a una mujer. Ya sabes.
C.E.: No. Nunca voy a la ciudad para eso. ¿Un hombre como yo? Las únicas mujeres que podría conseguir son las que hay que pagar. Y no está bien comprar la carne. Claudia no me permitiría hacer una cosa así. Soy un padre de familia.
M.F.: Así que... sólo usas la mano.
C.E.: No lo echo tanto de menos.
(Disparos)

En 2005, Clint volvió al Polaroid Centre a recoger una nueva estatuilla. Y sí. Lo habéis adivinado. Tuvo que dedicarle las primeras palabras a su madre de 96 años, y recordar que ya estaba allí mismo dándole el coñazo en el 93.

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12 Enero 2006

Un millón de puntos de luz

Envidio a los tíos como Alex Tew. El pasado verano, a su tierno cerebrito de 21 años se le ocurrió en la cama una brillante idea para pagarse los estudios universitarios (sic.). Pensaba construir una página web con un millón de píxeles (un megapíxel, para los amigos) y vender cada uno de esos minúsculos puntitos de luz por un dólar. Si todo iba bien, acabaría con un millón de dólares. Si iba mal, como mínimo esquilmaría algo de dinero a sus parientes y amigos. Muy poco que perder.
Y la cosa comenzó así. 'Tía Gretel, te vendo 10 píxeles para que pongas tu inicial en mi página web'. 'Venga, papi, estírate que a este paso no voy a poder estudiar Administración y Dirección de Empresas (¿qué si no?)'. Un desarrollo normal de sablazo al conocido que iba a llegar para poco más que para unas cervezas y para la primera barra libre universitaria.
Y de repente, cuando Tew arañó los primeros mil dólares, se le ocurrió escribir una pequeña nota de prensa y enviarla al Times. Eso fue el 'tipping point', que diría Malcolm Gladwell ahuecando la voz. El periódico, aprovechando la sequía noticiosa del verano, le regaló un reportaje y compró incluso un gran espacio publicitario en la página. No hizo falta nada más. Hace un par de semanas, Tew anunció discretamente que su página había vendido el millón de píxeles, aunque él aún no había tocado el dinero más que para comprarse un Mini negro (¿y la matrícula en ADE?).
Ahora, ya ha puesto en marcha la segunda edición de la web, le llueven las ofertas de empleo y las muchachitas se lo disputan. El sueño americano en la lluviosa Gran Bretaña.
Y yo, algunos años mayor que Tew, me pregunto qué cojones hago en la cama todas las noches y por qué en vez de repasar mentalmente todas las tías de uniforme que veo durante el día, no me dedico a pensar en esa idea genial que inscriba mi nombre en la wikipedia y me retire del mundo laboral. Quizá es demasiado tarde. Y quizá, aún sin Mini negro, puedo seguir engañándome y pensando que, en el fondo, soy más feliz que un acneico y blancucho adolescente inglés.

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29 Noviembre 2005

Comiditas en el corredor de la muerte

Muchas veces me he parado a pensar en qué pediría si estuviese en el corredor de la muerte y me viniesen a preguntar qué deseo para mi última cena. Es una situación imaginaria que plantea un problema interesante. ¿Qué comerías si fuese la última vez que vas a saborear algo, si te dejan elegir? No sería muy inteligente atiborrarte de una sola cosa cuando puedes pedir lo que te venga en gana sin preocuparte del colesterol, la diabetes, las dietas y cualquier consejo tonto del nutricionista de moda. Quizá un entrante ligero a base de una ingeniosa mezcla de embutido ibérico e italiano, la parte más jugosa de un solomillo de buey a la pimienta, una pasta corta con una salsa fina al queso azul y un cuarto de tortilla sin cebolla y bastante suelta de huevo. De postre, Saint-Honoré y tiramisú. Todo ello regado con un Lambrusco rosado -para ayudar al estómago a ir haciendo hueco a cada cosa que le vamos soltando encima-. Nada espectacular, pero suficiente como para dejarte con las necesidades alimenticias cubiertas hasta el momento fatídico.
Pero una cosa es escribirlo tranquilamente desde casita, y otra muy diferente pedirlo in situ. Desde el corredor de la muerte, acuciadas por la presión de la última cena, las peticiones son de un nivel bastante ramplón, en el que se suele dar prioridad a la cantidad sobre la calidad, y donde no faltan las peticiones raritas y las que escandalizarían al endocrino de turno. Esta interesante página web se ha dedicado a recopilar la lista de últimas comidas de los ejecutados en Texas desde 1982 hasta la actualidad (más de 300 en total). Y un servidor repoduce aquí algunos de los ejemplos más llamativos.

  • Robert Madden. El buen pastor. Disparó y apuñaló a un señor de 56 años y a su hijo de 22. Pidió que su cena le fuese dada a un 'sintecho'.
  • Richard Beavers. El matemático. Robó a mano armada a una pareja de 24 años. Tras un paseo por varios cajeros y el negocio que regentaban, los condujo a un descampado donde le disparó un tiro en la garganta a él y la violó a ella y después le disparó en la cabeza. Para su desgracia, y aún con un ojo menos y daños cerebrales, la mujer sobrevivió para testificar en su contra y asistir a su condena a muerte. Su última cena consistió en seis tostadas francesas con sirope, gelatina y mantequilla, seis costillas barbacoa, seis tiras de bacon bien pasado, cuatro huevos estrellados, cinco salchichas bien cocinadas, patatas fritas con ketchup, tres lonchas de queso, dos porciones de pastel amarillo con dulce de chocolate helado y cuatro cartones de leche.
  • Danny Harris. El despistado. Este angelito golpeó hasta la muerte con un gato hidráulico a un joven que se había parado a ayudarlo a él y a tres amiguetes. Y se debió equivocar de formulario, porque para su última cena pidió 'la gracia salvadora del señor, amor, verdad, paz y libertad'. Algún otro con nombre rockero lo imitó después (Carlos Santana: 'Justicia, templanza, con piedad').
  • Robert Streetman. 'Mr. Cholesterol'. Culpable de asesinar a una mujer de 44 años y después robar en su casa. El botín, a pesar de que la víctima tenía 50.000 dólares en su vivienda, fue el monedero de la señora y un dólar suelto. El angelito pidió dos docenas (24) de huevos revueltos, tortitas, patatas fritas y ketchup.
  • Charles Bass. El imaginativo. Culpable de robo a mano armada y posterior asesinato de un agente de la ley. Se comió un sandwich de queso a palo seco.
  • Delbert Teague, Jr. El pusilánime. Varios robos a mano armada, asesinato y posterior violación y secuestro de la novia de la víctima. No pidió nada, pero a última hora decidió comer una hamburguesa a petición de su madre.
  • John Elliott. El anoréxico. Violó y asesinó a una joven de 19 años. Pidió una taza de té caliente (de bolsa) y seis galletitas de chocolate.
  • Miguel Richardson. El romántico. Lo pillaron robando en un hotel y disparó a los dos guardas de seguridad que lo custodiaban. Sólo mató a uno. Las tres putas que estaban con él testificaron en su contra en el juicio. Pidió nada menos que un pastel de cumpleaños de chocolate con la fecha '23/2/90' escrita encima, siete velas rosas, un coco, zumo de kiwi, zumo de piña, un mango, uvas, lechuga, queso manchego, melocotones, un plátano, una deliciosa manzana, una ensalada del chef sin carne aliñada con 'thousand island', macedonia de frutas, queso y rodajas de tomate.

Por último, y si se me permite la broma fácil, esta situación es siempre un mal trago. No sería de extrañar que, como a más del quince por ciento de los convictos, a la hora de la verdad se nos encogiese el estómago y no fuésemos capaces de comer nada. De hecho, algunos patriotas han acabado su vida tomándose nada más que una simple Coca-Cola. Pero puestos a no comer, y dado que los cigarros están prohibidos, las últimas bebidas serán, a lo sumo, objeto de una futura entrada.

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23 Noviembre 2005

Prozac del siglo XXI

Joss Stone ha ganado un premio tan irrelevante como merecido. A sus dieciocho añitos, ni más ni menos que la editorial Debrett's la ha nombrado 'Joven del año'. Pocos días después de producirse la noticia, la buena de Joss ha roto su relación con su noviete de toda la vida -un tal Beau Dozier con el que llevaba dos años y pico-. Así que ahora hay una enorme lista de ejecutivos de Debrett's que quieren entregarle el premio personalmente.
Se lo merece, y los soñadores del mundo nos merecemos que vuelva a volar libre sin moscardones cerca. Nunca comulgué con el tipo de música, pero ya me he tragado entero un concierto suyo sólo por verla moverse elegantemente de un lado al otro del escenario. Es el tipo de persona capaz de conseguir que salgas con una sonrisa de un funeral. Aunque luego te la cruces en la sala VIP y no seas capaz de mascullar más que un maullido entrecortado y huya creyendo que eres un psicópata que se ha saltado las barreras de seguridad.

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2 Noviembre 2005

Reina Dª Leonor

La probable inscripción premonitoria fue vista esta misma mañana en un microbús portugués cargado de viejecillos al asalto de un importante centro comercial del norte.
Evidentemente, hace referencia a la Reina Leonor de Portugal, cuyo reinado se prolongó durante 14 años a finales del siglo XV, después de casarse con Juan II de Portugal. Cuentan que era una mala pécora de cuidado, que no permitió al Rey reconocer a un bastardillo que tuvo de una relación palaciega con Ana de Mendonça. Tuvo dos hijos llamados a reinar. El primero murió al nacer y el segundo en un sospechoso accidente mientras montaba a caballo. Así que, demostrando quién llevaba los pantalones en la relación, obligó a su marido a reconocer como hijo y designar como heredero a su hermano D. Manuel, que acabaría reinando como Manuel I 'El Venturoso'.
Más premonitorio, imposible.

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Agotando la veintena. Fan del cine de palomitas y acción. Ávido lector de serie B. Sin música española en el iPod. Inmaduro irredento. La versión más mundana y menos glamurosa de Don Cristal. Igual de frágil y decidido, pero sin su gusto por el morado.

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