Las películas con drogas me gustan tanto (o más) que el cine deportivo. Y si además tienen un poco de historia por detrás y se nota que el realizador sabe de lo que habla cuando recrea sus efectos, mucho mejor. Los gafapastas os dirán que hay una pedazo de historia de Philip K. Dick por detrás, con una profunda reflexión sobre la libertad individual y el estado policial y que el utilizar animación sobre imagen real es un valor añadido para el viaje psicotrópico del espectador... Pero yo os digo que el verdadero quid aquí es que todo el staff se ha puesto hasta arriba para rodar A scanner darkly (Una mirada en la oscuridad, para los afincados en la piel de toro).
Y uno de los grandes aciertos del director ha sido, sin duda, elegir para la causa un elenco de actores con conocida afición a las sustancias prohibidas (Robert Downey Jr., Woody Harrelson, Wynona Ryder...), de manera que todo ha salido a la perfección, y seguro que todo el 'material' ha sido servido por camellos de confianza.
Los gafapastas más recalcitrantes sacarán a relucir ciertas licencias con respecto al libro, pero hacedme caso, la peli pone un poco de cordura en un libro que Philip K. Dick confesó haber escrito hasta las patas de todo... Si os gustó Scarface, Minority Report, Blow y Blade Runner, o si os apetece ver a Woody Harrelson con pelo de surfero, esta es vuestra película.
No. No creas que por abrir una empresa de 'consulting informático' tienes que pescar por ahí elementos de las grandes y soltarlos en tu logo. Sobre todo si la tipografía que has elegido era muy apropiada para las películas porno de los 70 y te llamas como un antiguo lugar mitológico nórdico. Porque aunque todo eso quede muy cool en Lleida, de puertas para fuera se ve muy rancio.
Después de dos días en la porción francesa de Suiza, vuelvo con las pilas cargadas y las venas entupidas de colesterol. No sé cuál es la incidencia de la enfermedad en el país, pero con platos como el rösti y con esa predilección por el entrecôte, no consigo entender cómo han conseguido tener una esperanza de vida mayor que la nuestra.
A lo mejor es por los sueldos que ganan, o quizá por ese café tan rico que te sirven hasta en la peor de las tascas (aunque 'la peor de las tascas' suele tener un nivel de limpieza equivalente al 'tres tenedores' patrio). No creo que lo hayan conseguido sin Seguridad Social o con esa mili hasta los 40 años que gastan.
Eso sí, si tenéis la oportunidad de pasaros por allí, comprad bombones o relojes como todo el mundo. Si por un segundo pensáis que el secreto de su longevidad está en el café y se os ocurre haceros con una de sus baratas cafeteras, ya os avanzo que nuestros poco vecinos suizos utilizan una clavija de enchufe que en el mundo sólo es posible encontrar en El Salvador, Etiopía, Jordania, Liechtenstein, Madagascar, Maldivas y Ruanda. Habría que ser melón para no cerciorarse antes.
Hoy iba a comentar aquí mis impresiones sobre El diablo viste de Prada, el último ingenio con el que me han entrampado –aunque en esta ocasión los incautos éramos multitud–. Pero como sólo se me ocurre que los magníficos Meryl Streep y Stanley Tucci son lo único salvable del producto, paso a comentar directamente GuinessSize me, una genial y prometedora iniciativa –cómo no– irlandesa.
Este pseudo-documental se propone mostrar como, desoyendo toda indicación médica, dos chalados y cineastas de afición se lanzan a descubrir cámara en mano qué les puede pasar si deciden subsistir una semana sin más alimento que la sempiterna cerveza Guiness. Aunque me lo puedo imaginar (peleas, exaltación de la amistad, desvaríos a gran escala...) estoy seguro de que el resultado final es mucho menos previsible y contiene menores dosis de product placement que el producto de 35 millones de dólares que me he tragado esta tarde.
Es que no aprendo. Me engatusan con que esta vez va a ser diferente. Que hay una buena historia y 24 millones de euros por detrás. Que está lo más granado de nuestra escena y de la foránea. Esta vez, van a aprender en Hollywood cómo se hace una peli del siglo XVII. Y yo, gilipollas de mí, caigo como un gorrión y me trago Alatriste. Y me empiezo a cagar en Agustín Díaz Yanes a los veinte minutos; y a las dos horas, cuando pienso en la porción de mis impuestos que está subvencionando semejante bodrio, mi ira no tiene parangón.
El guión -hijo del director- es un ejercicio deslavazado de incoherencia narrativa. El montaje, digno de un mono con unas tijeras. Y el resultado, teniendo en cuenta estos factores, es previsible. No sé cómo el prepotente de Arturo Pérez-Reverte puede estar contento con este carísmo subproducto. Si no es una cuestión de royalties, no lo entiendo. Así que me lo expliquen. Alguien coge cinco folletines que has escrito bebiendo de Alejandro Dumas –padre– más de la cuenta, los hilvana como puede y después pretende rodarlo a lo grande. Y cree que no nos vamos a dar cuenta de que Viggo Mortensen habla castellano como si tuviera dos polvorones en la boca o de que, manda huevos, Blanca Tortillo se ha disfrazado de tío para encarnar a Fray Emilio Bocanegra.
Pero tranquilos todos, que la película que aquí nos ocupa ganará doscientos cincuenta Goyas, colocando a nuestro cine un año más en el lugar que se merece. Las cloacas del celuloide mundial.
Que la historia se repita una vez más no me daría pena si, como vosotros, no estuviese pagando los desatinos de un aficionado.
Los cursos de verano siempre dan mucho juego. Una siestecita por aquí, una exclusiva por allá. Don Cristal lo tiene claro. Se lo ha dicho a la Ministra de Educación, Mercedes Cabrera, entre siesta y canapé en El Escorial. Especialistas en Educación consultados por el Gobierno son partidarios de reducir el abecedario para dejarlo en 18 letras. "Creemos que un abecedario menos extenso que el actual puede aliviar de manera considerable la carga lectiva de los alumnos facilitando una franca mejora en sus calificaciones de Lengua Española. Además, la reforma ayudará también a la integración laboral de los mal llamados hijos de la LOGSE".
El único punto sobre el que todavía no hay consenso es el referido a las letras que deben desaparecer. Algunos especialistas defienden que por lo menos dos o tres vocales deben ser eliminadas, toda vez que gracias al lenguaje SMS, la mayoría de los alumnos menores de 15 años ya no las reconoce. Otros opinan que debe se debe extinguir la 'H', que no sirve para nada, así como la 'C' o la 'Z', que se confunden demasiado, algo que también se puede aplicar a los dúos conflictivos B/V y G/J.
Hoy voy a la boda de alguien a quien no me imagino casado. Un bon vivant de esos que envejecerían con encanto, dejando a su paso agendas negras llenas de números y aventuras suficientes como para nutrir una colección de Harlequin. Un tipo al que todos nos hemos querido parecer alguna vez. Casi siempre risueño, fiel a sí mismo y con las ideas muy claras. Ese clásico amigo al que no importa que no veas durante dos años porque no cambia y no te olvida.
Siempre creí que me lo acabaría encontrando soltero en las bodas de todos nosotros, pero parece que no va a ser así. Nos dijo que se casaba en navidad delante de una botella de vino, y estos meses no han sido suficientes para que me haga a la idea. Aunque como se suele decir en estos casos: si él es feliz, yo soy feliz.
Pero juro que hasta que no lo vea, no me lo voy a creer. Y que hasta el final voy a estar esperando la llegada de Vince Vaughn y Owen Wilson.
